Identidad


Aquí todo huele a mierda, a basura: Prostitutas baratas y travestis que muestran su sorpresa a los taxistas mientras cambia el semáforo. Los indigentes van y vienen. Empleadas de servicio que se masturban en la ducha. Son casi las cinco de la mañana y ya se empieza a ver transeúntes que van para sus trabajos: el call center abre su línea a las seis, los desayunos deben estar listos a las siete, todo mundo corre. Los taxistas pisan el freno y miran con antojo las prostitutas que buscan su último polvo de la noche. Algunos piden descuento, se lo dejan restregar y van de una en una y así se pasan el rato, luego pagan y se van. Algunos amanecen muertos.
Lo ultimo que recuerdo, antes de amanecer aquí, fue anoche cuando tome el bus. Hice la parada. No sé para donde iba, no leí la ruta. Me subí. Un hombre de aspecto juvenil, bastante gay para mi gusto, me invitó a sentarme a su lado en la parte trasera. Desprevenido acepté. Metió la mano en mi entrepierna, me la apretó mientras abría la boca, no le reproché. Me habló al oído, suave, soñoliento. Mi mente pervertida no refunfuñó. Mientras hablaba me mecía con el movimiento de su mano, como si me hechizara. No eyaculé. El tipo no era uno de los que recogen muestras para un banco de semen, lo quería en su boca y no se que más cosas. Ahora de repente estoy aquí, así, como si nada. Dos médicos forenses bastante hétero para mi gusto cogen mi verga y la acarician, la miran. El uno me ha dado una vuelta, abre mis nalgas y luego mete un palito en medio. Toma una muestra. Semen zona anal escribe. Los policías empiezan a entrar uno a uno. A algunos se les antoja amanecer muertos y sin identidad dice uno de ellos. El sol empieza a penetrar a través de la persiana, huele a chocolate caliente y a pan recién hecho: algunos amanecemos muertos, pienso.

Interrogatorio

Anoche soñó que moría y hoy amaneció muerto. El padre José Antonio tiene secretos que sólo yo conozco: se masturba pensando en el culo de Andrés Felipe, le gusta gritar cuando eyacula, mira los Cristos con deseo, duerme desnudo y nadie sabe que solo tenía una.
Él pensaba que el deseo proviene de las gónadas. Creía que estaba enfermo. Ayer temprano salió de compras. Toda la tarde estuvo sentado escribiendo y después de las siete abrió el paquete de compras y empezó con el ritual. Pensé que era otro de sus fetiches: Cerró la habitación a doble pasador y se desnudó. Sacó un tarrito blanco de líquido transparente y se empezó a untar, sacó otro y se inyectó en el vientre. Se recostó sobre la cama y puso el espejo al frente, levantó las piernas y sacó el bisturí, se la acarició con cara de placer y luego empezó a cortar mientras mordía un pene de silicona, limpiaba con gasa y seguía cortando, introdujo unas pinzas y empezó a sacar una bolita pequeña de carne, roja al amparo de la sangre. La desprendió rasgando con el bisturí. Cuando estuvo completamente afuera la besó y la guardó en ese frasco que está detrás del estand de los libros. Cerró la herida y se masturbó. Bien entrada la noche empezó a soñar, se quejaba por la pesadilla. No pude ver la expresión que tenía. Esta mañana amaneció muerto.

—No le diré nada Martínez, los secretos de José Antonio me los reservo, creo que no son importantes para su caso. Le bastará con saber que solo estaba soñando y así amaneció.

Se van, uno a uno, dejando huella

Murió Mercedes Sosa y con ella parte de mi juventud y mi adolescencia. Ya lo decía un amigo en alguna red social a la que prefiero no hacer publicidad “Se va parte de mí” y es que es cierto: Mercedes Sosa ha estado tan presente en nuestra generación como en muchas otras generaciones. Llorada y despedida en todo el mundo, deja un recuerdo invaluable, una partecita de cada canción, de su voz, de su carácter, de su forma de pensar y ver el mundo en cada uno de nosotros. Con ella construimos nuestra personalidad, con ella aprendí que la esperanza no se pierde, aunque uno apenas esté sobreviviendo, aprendí a seguir adelante sin miedo a la derrota, durar no es estar vivo, vivir es otra cosa.
En estos últimos años se han apagado importantes vidas, personas que siguen con nosotros más allá de su muerte, que hacen retumbar su eco todos los días, en todas partes. La Guantanamera, Celia Cruz, dejo de respirar el 18 de julio de 2003 recordándonos que la vida es un carnaval, que hay que saber vivir. El 16 de agosto de 2008, la Directora del Teatro Nacional, Fanny Mickey, falleció en Cali después de sacarle el jugo a la vida y dejar en cada corazón un recuerdo memorable y entregarse en cada cosa, en cada obra, en cada escena de la vida, fue despedida con alegría, como ella quiso que fuera. El rey del pop obedeció a su propia letra “beat it” y se fue para siempre, sus pies no respondieron al Moonwalk y por el contrario quedaron rígidas para nunca más subirse a un escenario, en el mundo entero lo lloramos y lo despedimos con sentidos homenajes. Ahora Sosa, ayer cerró sus ojos para siempre, despedida por miles de fanáticos en el mundo, con decreto de duelo Nacional, la argentina Mercedes Sosa partió para siempre.

Palabras

Dejaré que el viento diga

lo que no no soy capaz

que susurre a los oidos

palabras

monosilabos

Fragmentos

de obras completas

Creadoras de ensueño

Furtivas

fugaces

suaves

melodiosas

rencorosas

sagaces.

Las dejare salir

y que mi alma desnuda

-como en otros tiempos-

grite sin miedo

todo lo que quiero

y que me callo

por miedo

por vanidad

por amor...

Crimen final

Un crimen siempre último cada vez…

Entraron y se sentaron en las últimas sillas del ala derecha. En el centro estaba aglomerada la gente y al fondo la imagen de un cristo asexuado, levantado sobre una cruz, más feliz que triste de estar clavado. Laura se recostó sobre el hombro de Karen mientras el cortejo pasaba por su lado. Las caras lánguidas y frías, las falanges levantadas, los labios morados como de santos, los ojos hundidos, el silencio, las notas y el olor a ciprés le daban a la ocasión un carácter diabólico.

Se prolongó el silencio. Laura miró de reojo a su compañera y siguieron el desfile. Caminaron siguiendo el olor a ciprés. Se detuvieron a la entrada mientras se abría la puerta de par en par y el ángel blanco con la hoz, vigilaba desde arriba recostado a medio lado. Laura recordó la expresión de Sebastian antes de morir. La puerta se abrió y todos entraron siguiendo el cortejo. El cristal fino y las nueve torres decoradas con dragones blancos y levantadas en punta hasta el infinito expresaban la grandeza del hombre que dejaron en la recamara de la urna.

El violín fingía llorar entre quejidos lúgubres que exhalaba parsimonioso haciendo tétrico y senil el ambiente de la noche. Las mujeres una a una pasaba su mano sobre el cristal, emocionadas y ansiosas por tocar el cuerpo nauseabundo que guardaba la urna, algunas, más atrevidas, tocaron incluso ciertas partes. Laura soltó de la mano a Karen mientras veía firme como decían adiós a sus últimas esperanzas. Laura corrió en dirección opuesta y luego se detuvo al borde del lago y se zambulló.

Yo llegué temprano a casa. Lina me trajo por encargo. Ellas llegaron bien entrada la noche. Caminaron por un largo rato bajo el amparo de la luz de luna y la sombra de los árboles y Laura estaba mojada al comienzo pero luego se secó con la temperatura del cuerpo y pasaron por el teatro del parque y tuvieron ganas de entrar hasta que leyeron De-función – solo para hombres muertos – 8:00pm y luego entraron a un bar. Eso dijeron.

La conversación se prolongó hasta las 5 de la madrugada cuando ya se sentía la brisa de la mañana y los rayos de luz que se filtraban por el escaparate de la ventana y la tenue luz de la lámpara poco a poco desaparecía.

Sin duda ese día quedó en las memorias. Todo empezó cuando Miguel Ángel se subió al techo de la iglesia huyendo de sus devotas y allí permaneció hasta que, en acto de rebeldía, se cortó su miembro y lo tiró a las mujeres que aguardaban por él. Lo enterraron al otro día en una bóveda utilizada. Un día después los hombres se subieron a los techos y a los árboles protestando con insultos y pancartas. Las mujeres se turnaron para vigilar que ninguno escapara o que fuera por comida. Uno a uno, todos fueron cayendo como duraznos podridos. Se armó un caos en todo el pueblo. Los periódicos, sin editores, publicaban obscenidades e imágenes de cuerpos desnudos. En cada esquina había carros chocados y en sus vidrios grotescas imágenes de mujeres desnudas, en la pantalla de anuncios de la casa presidencial se exhibían videos de mujeres que mostraban su sexo como un cuerpo extraño, como lleno de vida propia, las monjas habían decidido mostrar sus pechos y sus piernas y así sucedía en cada esquina y a mitad de calle y en las casas y en todas partes, menos en los techos y en los árboles. Los hombres aborrecieron a las mujeres y se acostaban con otros hombres mientras que las mujeres suplicaban su sexo.

Sebastian en complicidad con su esposa se escondió en ésta casa hasta que Laura habló y entonces se echaron sobre la casa rompiendo puertas y ventanas y todo cuanto estuviera a su alcance. Sebastian estaba dormido cuando sintió el tropel de las mujeres que bajaban por las escaleras. Se aferró a su propia ropa y empezó a temblar en un rincón mientras que Laura dirigía el botín. Cuando murió le cortaron su miembro y una a una lo introdujo en su sexo húmedo, como untando papas en salsa, y luego lo chuparon con cara de emoción. Era el último hombre fiel a sus gustos por las mujeres, el único que concebía el sexo de su esposa como un tesoro codiciado y como un plato rico de degustar. Karen estaba orgullosa.

Laura recordó el teatro a cuya función no entraron. Karen impaciente se miró al espejo y disimuló no sentir. Luego se vino hacia mí y empezó a tocarme hasta que Karen se acercó, simuló impaciencia y abofeteó a Laura. Yo me excité y empecé a pensar y me salían unas notas hermosas y entonces Laura empezó.

—Es verdad que los muertos cantan y los escucho. Cada uno entona sus propias letras, felices y tristes…

—Ya te he dicho que los muertos no cantan. Son Santos, entiende por todos los diablos que los muertos son Santos, que los muertos son Santos, que los muertos…

—No son Santos los muertos. Los muertos están cantando. Escucho sus voces. Se levantan y caminan desordenados, se toman de las manos y siguen cantando, avanzan lento pero firmes, como el vendaval…

—Son Santos. ¡Maricadas! Los muertos son Santos… al diablo con tus voces.

—Ellos vienen. Veo sus rostros y escucho sus voces y se acercan. ¿Y si no son Santos los muertos? Los muertos se están riendo. Se ríen de lo que pensamos y son hombres y caminan lento tomados de la mano y se ríen a carcajadas y avanzan y avanzan y…

Laura empezó a retroceder hasta el rincón donde estaba el tocador y entonces Karen y yo nos asustamos y ella fue a coger a Laura y sentí miedo y Laura y Karen se empezaron a elevar por el aire y el pelo se les movía rarísimo y luego se suspendían en el aire, como crucifijos, con los brazos extendidos y Karen empezó a gritar y parecían desvanecidas y entonces me llené de pánico y seguí tocando y me salían notas rarísimas y… No quise ver lo que pasó después.

Cuando llegó usted y prendió las luces me di cuenta de lo que había pasado. Yo solo sentía las gotas de sangre que me caían. Pero no se lo que pasó, no sé nada, ellos lo hicieron Martínez. No sé si es que ya no estaban aquí cuando llegó o si es que a usted si la quieren, no lo sé Martínez pero no me culpe a mí, yo no hice nada… Empiezo a sentir voces y veo rostros pero no se asuste, ellos no le harán nada. No hasta que yo les ordene.

Las notas del piano se difuminan con la lluvia de la noche y con el crujir de los árboles mecidos por el viento. Un perro temblando en la calle mira por la ventana como reconociendo la escena. Afuera los faros uno a uno empieza a apagarse y el piano se vuelve insoportable cuando deja de llover y cuando el viento no sopla. Cada uno habla un idioma diferente. De lo que fueron no queda nada. Solo testigos que no dirán nada, vestigios y ecos. El no hablará. Tampoco queda nada. Sólo eso: nada.

Bogotá, junio de 2009.

Primera clase


Y la mujer araña me señaló con el dedo un camino en la selva.
El beso de la mujer araña - Manuel Puig.


Mierda, que aburrida ésta clase. Si no me importara caerle bien al profesor me… No, no puedo. Necesito verlo más tiempo. Mejor me quedo. Tener que quedarme escuchando a un profesor aburrido solo por ver a mi niño. Esta vida es una m... Por qué tenía que estudiar en la misma universidad que yo y por qué la misma carrera y por qué me habría hablado… hubiera sido mejor que no pasara nada entre nosotros, que nunca nos hubiéramos conocido y así ahora no estaría sufriendo. Mierda. Pero si no estoy sufriendo. Un poco, solo un poco.

Bueno estoy en una clase pero no estoy en la clase… me excita la idea de estar en un laberinto, los laberintos de Borges o uno así bien tecnológico, bueno como se diga. Quiero decir, uno ficticio, uno parecido al espacio, como un juego donde se vea lo que se imagina. Todo… Claro uno como un hueco negro, donde no haya nada, o bueno si que haya personas, pero dos personas nada más. Y que uno pueda hacer lo que quiera con esa persona. Yo le cambiaria... mmmm… no sé. Nada. O bueno sí. Lo haría un poco mas pequeño, como de mi estatura, así no tendríamos problemas para hacerlo… Con las ganas que tengo de un beso y de hacer el amor… ¡Wuow! Como se venía de arto. Ya sé. Lo haría negro así nunca me enamoraría de él. Si hubiera sido negro no habría pasado nada entre nosotros. ¿Soy racista al pensar eso? Que bien se siente. Por ejemplo, yo he pensado en el billar y no jugaría al billar si la bola que golpea a las otras fuera negra, me sentiría mal que una negra golpee a las otras y preferiría no jugar. No debí pensar eso. Pero lo pensé. ¿Entonces si soy racista? Bueno, bobadas… ¿Y este corazón? Debo estar muy enamorado. ¿Qué cara tendré? ¿Si saco el espejo y me veo? No. Se darían cuenta que soy raro. Y hasta escribí su nombre. Mejor borro el corazón.

Ya casi le toca a él. ¿Qué irá a decir? Yo ya lo conozco así que no me interesa. Ya le toca. —Mi nombre es Camilo San…— Que raro me siento. Me excita que hable. Cuando lo estábamos haciendo y me susurraba cosas al oído… Menos mal tengo la maleta entre las piernas. Mejor hago algo para disimular las emociones. Igual falta bastante para que me toque. Ya sé. Cuento los cuadritos que tiene esta hoja: uno, dos, tres, cuatro… dieciocho, diecinu… que aburrido. Mejor escribo. Ya sé. Una carta para él. Pero ¿Qué le digo? Bueno, lo que se me ocurra, ya me saldrá algo… ¿Como empiezo? Amor. No amor no porque ya no somos novios. ¿Entonces cómo le digo? Exnovio, examor… Que mal que no haya una palabra que pueda utilizar bien en este caso. Que raro que uno se ame y se prometa cosas y se diga muchas bobadas, a veces, y que luego ni siquiera se salude bien. Que raro se me hace todo esto del amor. Bueno dejémoslo en Amor, igual sigue siendo mi amor.

Amor:

Espero que estés bien. Yo sé que nunca me vas a perdonar pero quería decirte algunas cosas [no cosas no… quería decirte que todavía siento muchas… eso es] quería decirte que todavía siento muchas cosas por ti. Verás, pensé que te odiaba de alguna forma por no querer estar conmigo, pero mi amor es más grande, ah roto esquemas y paradigmas. Ahora recuerdo tus promesas y tus besos y tus caricias y tu sexo y nuestros planes y nuestros sueños. [Mierda, no más. Voy a llorar] Bueno lo que te quiero decir es que me arrepiento de haber dicho todas esas cosas, de haberte tratado así, pero entiende que fue una reacción, es que escucharte decir que ya no sentías lo mismo… fue un momento de rabia, de estupidez, de no saber manejar las cosas y que ahora me cuesta tanto. [Que maricón yo llorando por otro hombre… no mejor me río]...

—Joven, su nombre. O ¿nos quiere contar, para todo el curso, qué es lo tan interesante que lee o… escribe que le causa risa?

—Ah si Profe. Mi nombre es Santiago Echeverry, soy de Pereira y estudio Negocios.

—Y ¿por que?

—Por que me gusta alguien… Digo, me gusta.

—¿Solo por eso?

—No. Digo. Digo sí. Bueno, hace un rato me reía porque estaba escribiendo una carta para alguien. Para una persona que esta en este curso y que, de no ser por usted, no se entera. Pero… [¿Qué me invento para callar a este viejito verde y que no siga preguntando?] Bueno, si. Es una carta donde reto a un compañero a sacar las mejores notas del curso y me daba risa porque al final de la carta le “deseo lo mejor” cuando en realidad quiero ganar. Eso es todo.

—Bien.

Que susto me llevé. El debe saber que la carta es para él y que no dice eso, pero tampoco sabe lo que dice y es mejor así. Después de todo le da igual lo que yo piense o deje de pensar. Me gustaría que la lea. Mejor se la entrego cuando vayamos a salir pero tiene tachones, bueno la paso a limpio ahorita. Pero ya casi es hora de salir. Mejor me afano. ¿Y Camilo en que momento salió? Ya mejor no se la entrego. Mierda quede de almorzar con Julián me debe estar esperando. El es lindo también… pero no, yo solo amo a Camilo.

—¿Me querías decir algo?

—No… Nada… [Que nervioso estoy. Que estúpido, antes no me ponía así.]

—¿Seguro?

—…

—¿Seguro?

—Bueno si. Que… [¿Y ahora que me invento?] Te reto a sacar las mejores notas.

—Ah bueno. Me tengo que ir. Hasta luego.

—Hasta luego.

Hasta siempre debí decirle. Así a lo mejor no me habla más y me olvido más fácil de él. ¿Y si me vuelvo heterosexual? Hay no. Seria aburrido. Prefiero seguir pensando en él. Mi hermano me dijo una vez: me estoy cansando de las mujeres. ¡Wuow! yo me canse hace rato. Pero no. El es homofóbico así que nunca le van a gustar los hombres a lo mejor quería decir que ya quería tener solo una novia y no varias como acostumbra hacer. Si. A eso se debió referir. Mierda es Julián. ¿Le contesto y le digo que ya voy? A lo mejor me haga bien estar con él aunque no debo jugar con los sentimientos de las personas.

—Aló.

—Aló.

—Espérame cinco minutos. Ya voy saliendo. Chao.

—Aquí te espero. Chao.

Bogotá, Enero de 2009